CUIDA TU CABELLO EN INVIERNO

CUIDA TU CABELLO EN INVIERNO

Ya hemos visto qué le ocurre a nuestra piel en situaciones extremas de frío,  pero ¿qué pasa con nuestro cabello? ¿el frío le afecta igual? Os lo contamos, así sufre nuestro cabello en invierno.

Si bien es cierto que el frío no tiene que ver directamente con una mayor caída del cabello o con problemas relacionados con algún tipo de alopecia, también lo es que debemos prestarle una mayor atención en invierno. Va a necesitar un extra de hidratación y protección frente a estos cambios bruscos de temperatura, tan típicos en esta época del año.

Por un lado, la humedad y el frío son los causantes del temido encrespamiento. Por otro, el mayor uso de secadores y el efecto de la calefacción y los cambios de temperatura entre el exterior y el interior tampoco son de ayuda. Nuestro cabello tiende a volverse más seco y más propenso a romperse.

CLAVES PARA CUIDAR TU CABELLO EN INVIERNO

Por todo ello, es esencial saber cómo cuidarlo correctamente para que siga estando sano, flexible, hidratado y bonito. Estos son 4 aspectos que tienes que tener en cuenta para protegerlo en invierno:

1.Alimentación: así influye en la salud capilar

Nutrir el pelo “desde dentro” mediante una dieta adecuada es la mejor forma de asegurar la salud capilar y, también, de reforzar la protección frente al efecto que los factores climatológicos puedan tener sobre ella. Una “dieta capilar” correcta se refleja en un cuero cabelludo sano y en un pelo fuerte y brillante, mientras que, por el contrario, está demostrado que las carencias de determinados nutrientes pueden debilitar la fibra capilar y favorecer la caída. También se sabe que los cambios bruscos de peso originados por dietas restrictivas desencadenan a su vez desequilibrios hormonales que alteran el estado del cabello y propician que éste se caiga en mayor cantidad. Por tanto, y teniendo en cuenta la estrecha relación entre alimentación y salud capilar, es importante conocer cuáles son los nutrientes y alimentos que no deben faltar en la mesa, especialmente en esta época del año:

• Antioxidantes. Numerosas investigaciones han demostrado que los radicales libres pueden alterar el ciclo normal del pelo, afectando sobre todo a las proteínas, encargadas de la formación de la queratina en el cabello. Como consecuencia de ello, el pelo puede crecer más débil y con menor grosor. Las sustancias más efectivas para plantar cara a la acción de los radicales libres son los antioxidantes.

Consecuencias de su déficit. Una dosis inadecuada de antioxidantes en la dieta da lugar a una estructura capilar débil y pobre, lo que se traduce en un cabello frágil, sin cuerpo y quebradizo. También favorece la caída capilar.

¿Dónde se encuentran? Son antioxidantes las vitaminas E y F (aceite de girasol, de maíz y de soja; y frutos secos); oligoelementos como el zinc (legumbres secas, carne, pescado); y minerales como el hierro (carne roja, espinacas, alcachofas, coliflor).

• Vitamina B5 o ácido pantoténico. También se conoce como la vitamina del crecimiento del cabello, ya que está directamente implicada en la regeneración del folículo piloso. Mejora el estado del cuero cabelludo y asegura el crecimiento de un nuevo cabello sano y fuerte.

Consecuencias de su déficit. Estudios recientes relacionan los niveles inadecuados de vitamina B5 con la aceleración de la aparición del cabello blanco y un mayor riesgo de caída. Se sabe que el exceso de café, el tabaco o el alcohol, así como el abuso de fármacos como los antibióticos, impiden la absorción adecuada de esta vitamina, favoreciendo su déficit.

¿Dónde se encuentran? Prácticamente en todos los alimentos, aunque en cantidades variables. Los que la contienen en más cantidad son la levadura de cerveza, los cereales integrales, el hígado de ternera y pollo, los huevos y las nueces.

 Biotina o vitamina H. Es fundamental para el correcto mantenimiento del estado de la piel y el cabello. Hay investigaciones que apuntan a que en dosis diarias de entre 10 y 20 mg puede contrarrestar la dermatitis seborreica.

Consecuencias de su déficit. Se produce un desgaste de la fibra capilar, que hace que el cabello se vuelva más fino. También favorece la aparición de alteraciones del cuero cabelludo.

¿Dónde se encuentran? En la carne, el pescado, los huevos y los frutos secos.

• Vitamina B6. Se sabe que una dieta rica en esta vitamina ayuda a prevenir la pérdida de cabello, sobre todo en el caso de los hombres, ya que contrarresta la acción de la hormona DHT (dihidrotestosterona), responsable de la alopecia masculina.

Consecuencias de su déficit. Cantidades deficitarias de vitamina B6 se relacionan con la aparición de alteraciones de la piel y del cuero cabelludo (caspa grasa y seca, hipersensibilidad, producción excesiva de grasa,…). La dosis diaria recomendada es de1,5-3 mg.

¿Dónde se encuentran? Sus principales fuentes son el germen de trigo, la carne de vaca, la leche y los huevos

 Ácidos grasos Omega 3 y Omega 6. Son esenciales para la salud capilar porque participan en la construcción de las membranas del tejido epitelial. También aseguran el mantenimiento de la película hidrolipídica, responsable del buen estado de la piel y del cuero cabelludo. Algunos estudios han demostrado que los Omega 3, también conocidos como ácido linoleico, bloquean la hormona DHT, implicada en la caída del cabello. Su ingesta frecuente también estimula la microcirculación cutánea, asegurando así la fortaleza de los nuevos cabellos. Además, ambas sustancias intervienen en la formación de la queratina, la proteína responsable de la estructura capilar; y poseen una acción vasodilatadora y antiinflamatoria.

Consecuencias de su déficit. La más obvia es un pelo débil, quebradizo y desvitalizado. Es importante que el consumo de los ácidos grasos Omega 3 y Omega 6 sea equilibrado, ya que una mayor proporción de Omega 6 en relación con los Omega 3 favorece la aparición de estados inflamatorios (como algunas alteraciones en el cuero cabelludo).

¿Dónde se encuentran? Ambos nutrientes se localizan fundamentalmente en los pescados grasos: bacalao, arenque, caballa, sardinas, atún, salmón,…

Si tu dieta no contiene todos estos nutrientes y vitaminas, es necesario utilizar la Nutricosmética, os proponemos Nuggela&Sulé Martin.

 

2. Defensas contra el frío: NUTRICIÓN 

Si nutres adecuadamente tu cabello, tendrá las defensas necesarias para plantarle cara al frío y evitar que se reseque o se rompa. Para ello, es fundamental que utilices un champú y un acondicionador adecuados a tu tipo de cabello. No tienes por qué cambiar tu rutina, pero sí es necesario que incorpores un extra de hidratación y protección mediante una mascarilla y serum que proteja nuestra hebra capilar. Al igual que en verano, te ayudará a regular la humedad del pelo y a protegerlo de la sequedad.

 El mejor escudo frente a los factores medioambientales de esta época del año es asegurar al cabello una adecuada hidratación para conseguir así que tanto la cutícula como el interior estén lo suficientemente nutridos y reforzados. Para ello, hay que buscar productos con texturas más densas que las que se utilizan en verano y que incluyan un mayor número de ingredientes humectantes y nutrientes.

 Champú enriquecido. Si siempre es necesario que el champú, además de estar adaptado al tipo de cabello (graso, seco, teñido, fino,…) incorpore ingredientes hidratantes y reconstituyentes, durante el invierno este requisito es fundamental. Si el cabello está deteriorado y sin vida, lo mejor es utilizar productos que aporten activos energizantes (biotina, cafeína, vitaminas) y nutritivos, para asegurar así la protección óptima frente a las agresiones externas. En cuanto a la periodicidad del lavado, depende del tipo del cabello.

Acondicionador. Los bálsamos, cremas y leches acondicionadoras están formulados con ingredientes hidratantes y suavizantes que permiten mantener la cutícula a raya frente a los efectos medioambientales. Además, incorporan sustancias como las siliconas, que se adhieren a la cutícula a modo de capa protectora, evitando así el encrespamiento. Los acondicionadores tienen también un efecto más inmediato: desenredar el cabello y facilitar el peinado. Se suelen utilizar después del champú, sobre el pelo mojado, dejándolos actuar alrededor de un minuto y enjuagando después, aunque también hay versiones de acondicionadores que no necesitan aclarado (no rinse) y otros que se aplican sobre el cabello seco. Los cabellos grasos deben aplicar el producto solo en largos y puntas, evitando la raíz, mientras que lo más aconsejable para los cabellos secos y desvitalizados es buscar productos ricos en aceites hidratantes como el de almendras.

 Mascarilla. La aplicación frecuente de la mascarilla es la mejor cura reconstituyente para los cabellos expuestos a las bajas temperaturas. Son productos muy ricos en ingredientes hidratantes, nutritivos y reestructurantes que, gracias a su textura densa y a la forma en la que están formulados, penetran en todas las capas que forman la estructura capilar. Una vez aplicados, estos ingredientes cumplen su cometido allí dónde son más necesarios, tratando en profundidad la raíz, reconstruyendo la cutícula y la capa hidrolipídica, y ayudando a que el cabello refuerce sus defensas naturales. Se aplican de forma uniforme sobre el cabello limpio, una vez retirado el exceso de agua, y se dejan actuar entre 5 y 10 minutos (los cabellos muy dañados pueden prolongar este tiempo), se eliminan después con agua caliente. Una vez se enjuaga la mascarilla, los efectos son visibles: el pelo recupera la fibra y la densidad, consiguiendo un aspecto de cuerpo y volumen. Las mascarillas “básicas” son las hidratantes y nutritivas, pero hay productos específicos para cabellos teñidos (incluyen ingredientes protectores del color), finos y sin volumen (con activos que “engordan” la fibra capilar) y también para disciplinar el cabello: potenciadoras de rizos, anti-frizz, alisadoras,… Se recomienda usar las mascarillas una o dos veces por semana, aunque la frecuencia depende del estado en que se encuentre el cabello.

 Curas intensivas. Una opción novedosa, que cuenta cada vez con más adeptos, son las curas monodosis o productos de reparación exprés. A medio camino entre el acondicionador y la mascarilla, se trata de formulaciones hiper-concentradas de activos nutritivos, hidratantes y reparadores que en un par de minutos de exposición devuelven el brillo al cabello y reestructuran la fibra capilar. Deben usarse como tratamiento puntual (una o dos veces por semana) en cabellos especialmente dañados. Hay versiones para aplicar en todo el cabello o solo para las puntas.

3. No abuses del calor

 Es cierto que en invierno usamos más el secador, pero mejor si optamos por uno que nos permita regular la intensidad del aire y la temperatura. Si ambas son moderadas, mucho menos castigaremos a nuestro pelo. Si además sueles utilizar planchas, tenacillas, rizadores…, es esencial que emplees un protector térmico para el cabello. Los puedes encontrar en formato spray o espuma.

 

Si además hay nieve, atento.

Es esencial proteger el cuero cabelludo de los rayos ultravioleta. Y aún más si practicas cualquier deporte de nieve, ya que está muy expuesto. Al reflejarse el sol en la nieve, crea un efecto pantalla que aumenta la potencia de los rayos solares Esto es muy perjudicial para nuestro cuero cabelludo, que puede terminar con quemaduras y ampollas. Un spray protector para el cabello y una mascarilla al final de cada jornada serán dos muy buenos aliados. Disfrutarás de la nieve sin poner en peligro

CONSEJOS:

Gorros y sombreros. Si bien protegen a la cabeza de los embates del frío, si no se utilizan de forma adecuada pueden convertirse en otro factor agresivo para el cabello en invierno. Su uso excesivo produce mayor sudoración del cuero cabelludo, dejando en la raíz una sensación de suciedad y apelmazamiento y un aspecto reseco en las puntas, que es la parte que suele quedarse fuera (para evitarlo, lo mejor es hacerse un moño o coleta antes de cubrir la cabeza). Es importante utilizar gorros de buena calidad y hacerlo siempre sobre el cabello limpio, ya que cuando la raíz no está totalmente libre de restos, la mezcla de sudor y suciedad puede debilitar el cabello e incluso propiciar su caída.

Si tienes el cuero cabelludo seco, doble cuidado. El frío tiene un efecto vasoconstrictor sobre el cuero cabelludo. Las glándulas sebáceas trabajan menos de lo habitual y no lo hidratan lo suficiente. Esto provoca una mayor sequedad, que puede desembocar en caspa, picores y un empeoramiento de patologías como psoriasis y dermatitis. ¿El mejor remedio? Hidratación y una visita a tu médico si notas más molestias de lo normal.

Cepillado. La cutícula es la gran damnificada de los rigores invernales, debilitándose y favoreciendo que el pelo se rompa con más facilidad. Por ello, hay que cepillar el cabello de forma muy suave, preferiblemente cuando esté seco, usando para ello cepillos de cerdas flexibles o peines de púas anchas (preferiblemente de madera), que facilitan el peinado sin provocar tirones innecesarios.

Se debe empezar siempre peinando las puntas, y a partir de ellas ir subiendo hacia la raíz.

 

CASOS PRÁCTICOS:

Al mal tiempo, soluciones adaptadas

Estos son algunos de los efectos y problemas más habituales que el invierno produce a nivel capilar y la forma más práctica de solucionarlos:

• El problema: cuero cabelludo seco, con picores y descamación.

La solución: mantenerlo siempre limpio (utilizando un champú adaptado al tipo de cabello o se puede alternar con uno de tratamiento específico para cuero cabelludo irritado) es la manera de asegurar que está libre de sebo y suciedad y, también, de prevenir la aparición de caspa. Asimismo, hay que evitar el uso de sombreros y gorros ajustados, especialmente los de lana, que pueden irritar aún más el cuero cabelludo y engrasar el pelo en exceso.

• El problema: el pelo se carga de electricidad estática.

La solución: es uno de los problemas capilares más comunes durante el invierno. Puede estar producido por los cambios de temperatura (por ejemplo, cuando se pasa del frío exterior al calor de un ambiente cerrado). Los secados muy enérgicos con la toalla también pueden cargar el pelo de electricidad. Para evitar este efecto se puede recurrir a los productos anti-frizz o aplicar un poco de serum para fijar el peinado. Tras el lavado, utilizar siempre bálsamo o acondicionador y extenderlo por todo el cabello con la ayuda de un peine de púas anchas y separadas; de esta forma, los activos acondicionadores penetran mejor en el interior de los cabellos, suavizándolos y evitando así que la electricidad se adhiera a ellos. Si hay que pasar mucho tiempo en un ambiente cerrado y expuesto al calor de la calefacción (en el trabajo, por ejemplo), una buena idea es colocar un recipiente con agua en el radiador, para aumentar la humedad del ambiente.

• El problema: la lluvia y la humedad alteran el estilo del peinado.

La solución: Para preservar el peinado en el caso del cabello alisado con la técnica del brushing (secador y cepillo redondo y ancho) o con las planchas, lo mejor es aplicar sobre el pelo una vez liso y antes de salir a la calle un espray que aporte brillo y fijación. En caso de que el cabello se haya mojado a causa de la lluvia, evitar cepillarlo, ya que de esta forma se puede romper la cutícula. Lo mejor es darle forma con los dedos o con un peine de púas anchas. Un truco para recuperar un estilismo capilar deshecho a causa de la lluvia o la humedad consiste en enrollar el cabello mojado en un moño flojo y recogerlo a la altura de la nuca. Cuando esté seco, soltar el moño y dejar caer las ondas naturales que se han formado, sin peinarlas ni cepillarlas. Otra opción es utilizar rulos grandes para enrollar los mechones de la coronilla, recuperando así el volumen y la forma.

• El problema: El pelo se engrasa más de lo habitual.

La solución: El uso de calefacciones hace que el cabello graso sufra especialmente en los espacios cerrados, ya que el cuero cabelludo suda más, lo que unido a la humedad favorece que el estado de estos cabellos empeore. Por tanto, es necesario lavarlo más a menudo (es imprescindible hacerlo con un producto específico) evitando frotar en exceso el cuero cabelludo y usar el agua demasiado caliente. También es importante retirar del cabello todo resto de productos de styling (lacas, geles y demás) antes de lavarlo, para evitar que éstos se queden adheridos a la raíz.

• El problema: Tras horas en la nieve el pelo se vuelve seco y estropajoso.

La solución: Un gesto que suelen olvidar los aficionados al esquí es proteger adecuadamente su cabellos, ya que la exposición del mismo en la alta montaña (en la que las radiaciones del sol son igual de nocivas que en la playa) hace necesario aplicar productos que incluyan filtro protector (se pueden usar los mismos que en verano). También es importante llevar el pelo recogido para así minimizar el efecto que la nieve, el viento o la ventisca puedan producir en la cutícula. Otro gesto recomendable es aplicar sobre el cabello un producto acondicionador de los que no necesitan aclarado cuando éste vaya a estar mucho tiempo expuesto al aire de la montaña.

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